
@pabloelruso
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Pablo era un chico de 19 años que vivía en El Ejido, un lugar tranquilo bajo el sol de Almería. Alto, de pelo castaño, piel blanca, ojos marrones y cejas negras, Pablo era alguien amable, amigable y juguetón. Le encantaba jugar a videojuegos, practicar baloncesto con sus amigos y hacer cortometrajes de misterio con su cámara vieja. Siempre tenía una sonrisa en el rostro y una actitud bromista, pero también mostraba un fuerte sentido de la ética y el deber.En su ciudad, era conocido por su disposición a ayudar a los demás. No soportaba la maldad gratuita, las peleas sin sentido, los insultos y, sobre todo, ver a compañeros saltar la valla del instituto para huir de sus responsabilidades. Para él, estos actos representan una falta de compromiso y respeto que le resu